Cine y gastronomía

Domingo, mayo 8, 2011
Por Juan Pablo Cantini

El recorrido por las primeras escenas filmadas por los hermanos Lumière es también un punto de partida para el cine gastronómico.[1]

A lo largo de su historia, el cine ha representado diversas escenas en las que la gastronomía cumple un papel central. Existen una gran cantidad de películas que se enfocan en el tema de comer y beber. Tanto, que en la actualidad se llevan a cabo festivales que unen el cine y la cocina (como el Cinegourland, encuentro que ya va por su IV edición y en 2010 se hizo en Bilbao, o el festival Film & Cook, que se realizaó en marzo en Barcelona). Incluso, hay quienes hablan de un subgénero: el cine gastronómico. Pero todo tiene un inicio, así que en estas líneas queremos recordar dos breves fragmentos de los pioneros hermanos Lumière que, quizás sin saberlo, fueron también pioneros en el arte del cine gastronómico.

El primer desayuno.

La cámara de Louis Lumière registra durante cuarenta segundos el desayuno de su hermano, que junto a su mujer y su hijo comparten esta primera comida en el jardín de su casa. Un solo plano basta no sólo para probar el equipo con el que luego filmará la llegada del tren a la estación, sino también para registrar este primer acercamiento del bebé a la mesa familiar. Cuarenta segundos de intimidad. Cuarenta segundos que muestran la dedicación y el amor de una pareja que alimenta a su pequeño hijo.

La escena expone ese acto socializador del comer, ese intercambio de símbolos y códigos que vuelve al encuentro en un evento familiar. Tal como plantea el sociólogo alemán Georg Simmel sobre la comida: “anuda al exclusivo egoísmo del comer una frecuencia del estar-juntos, una costumbre del  estar-unidos (…)”. En ese encuentro, el hombre supera el mero naturalismo del comer”.

Así, estas primeras imágenes en celuloide son también el comienzo del cine gastronómico. La esencia de los amantes de la buena mesa se expresa como pocas veces en este pequeño gourmet. Lo vemos probar y tomar los alimentos que le dan sus padres con una curiosidad y alegría que conmueve. Al fin y al cabo, estas dos cualidades constituyen la condición de todo gourmet.

De copas y amigos.

La comida y la bebida constituyen un aspecto importante en la mayoría de las relaciones sociales. Por eso los Lumière filmaron también otra escena en la que capturan la magia del compartir, en este caso unas copas. En esta oportunidad, se puede ver a tres caballeros jugando a las cartas en un bar. Aquí, la comunión esta signada por una copas compartidas que expresan camaradería. En el cine, como en la vida, el valor simbólico de las copas entre amigos ha sido utilizado para sellar pactos, acuerdos, delitos, amores, divorcios y mucho más. El brindis final de esta película transmite el sentido de pertenencia, la complicidad  y la celebración por el encuentro.

Estas escenas forman parte de un conjunto de cintas exhibidas por los hermanos Lumière el  28 de diciembre de 1895 en el Salón Indien del Grand Café, París. En esta proyección también pudieron verse: la célebre “Salida de la fábrica”, la “Llegada de un tren a la estación de la Ciotat” y “El regador regado”.  Así comenzaba el largo camino del cine y también, de su relación con la gastronomía.


[1] Texto publicado en el suplemento Tiempo de Cocina de Tiempo Argentino,  el 26 de Febrero de 2011.

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