Un aplauso para el asador.

Domingo, agosto 8, 2010
Por Juan Pablo Cantini

El Asadito

Gustavo Postiglione, el director del film “El Asadito”, premiada en el año 2000 por la filial argentina de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci),  nos cuenta  como nació la idea de esta película. Además nos habla de su visión sobre el cine independiente en la argentina.[1]

Juan Pablo Cantini: ¿Qué entiende por cine independiente? y ¿Hasta dónde llega esa independencia?

Gustavo PostiglioneGustavo Postiglione: El concepto de cine independiente es muy amplio y depende mucho de las condiciones de producción y gestación de una película. En un país  con una industria cinematográfica en donde la mayoría de los directores también son productores podría decirte que todo el cine de alguna forma es independiente porque solo está condicionado por los límites y condicionamientos que se ponga el mismo director. Pero si profundizamos el concepto, en nuestro caso, lo independiente se basa por un lado en condiciones de producción y por otro en búsquedas narrativas y estéticas que asuman ciertos riesgos.

JPC: ¿A qué riesgos se refiere?

GP: Los riesgos de los que hablo significan evitar todo tipo de condicionamiento salvo la propia limitación personal. Tanto el cine clásico como aquél que quiere romper con lo académico pueden estar condicionados por muchos factores, algunos de tipo económicos, otros vinculados a lo que ciertos festivales o  circuitos  pretenden de cierto cine. Lo que determina la independencia del cine es su libertad en el momento de narrar, de contar y  de decir.

JPC: ¿Cómo surge la idea del guión de El Asadito?

GP: El guión o la idea de la película surgen de una charla sobre películas “de comidas” entre Tito Gómez (el anfitrión y protagonista de la película) y Carlos Rossano (sonidista). En un almuerzo, mientras trabajábamos en el doblaje de una película anterior, nos pusimos a recordar todas las películas que habíamos visto y que giraban alrededor de una comida y nos dimos cuenta que faltaba el asado.

JPC: ¿Podría haber contado a la misma historia en torno a otra comida? Es decir, ¿Se imagina esa reunión con esos personajes y las mismas conversaciones en otro contexto?

GP: Yo creo que esas situaciones no son exclusivas de un asado, podrían transcurrir en un contexto que no sea el de la película, pero creo que el hecho de la excusa de “El Asadito” sirve para desarrollar la idea.

JPC: Para usted, ¿Qué comida podría remplazar al asado en el relato?

GP: No creo que haya una comida que pueda reemplazar a un asado, sí puedo decir que con un grupo de amigos nos hemos reunido alrededor de un buen plato de pastas o de una picada.

JPC: La película parece registrar un asado “real”. ¿Cómo se logra esa construcción?

GP: El asado se hace realmente en la película, pero lo que le da la credibilidad o “la verdad” es el comportamiento de los personajes, de los actores, ante el ritual del asado. Se comportan como lo harían si eso estuviese sucediendo realmente por lo tanto la construcción de los personajes y de cada una de las escenas al estar contextualizadas dentro de las costumbres y del ritual del asado nos transmiten esa sensación de realidad.

JPC: ¿Cómo maneja el juego entre el guión y la improvisación?

GP: En “El Asadito” fue la primera película en la que dejé librada a la improvisación en el set a muchas de las cosas que sucedieron en el film. Yo tenía escrito los roles y las características de cada uno de los personajes como así también un listado de situaciones y escenas en las que había unas pocas líneas de diálogo y marcaciones de objetivos hacia los que había que arribar, pero el resto de lo que sucediera en la escena sería fruto de la improvisación. Por otro lado el final de la película (los últimos 15 minutos aproximadamente) estaban escritos palabra por palabra, pero los actores conocieron el texto unas horas antes de filmarlo.

JPC: Para usted ¿Qué dice El asadito de la Argentina?

GP: Nunca quise transformar a esta película en una metáfora de la Argentina como muchos me lo han querido hacer ver, pero sí puedo decir que “El Asadito” saca a relucir algunas de nuestras peores miserias. También podría decir que es una pequeña foto de lo más patético, de lo más tierno y de lo más gracioso del argentino que vive en ciudades como Rosario o Buenos Aires. Los típicos personajes de la ciudad puerto, de la pequeña metrópoli argentina.

JPC: Para cerrar,  ya que estamos en el tema ¿Hasta qué punto se puede pensar la costumbre del asado como una costumbre bien argentina?

GP: EL asado creo que indudablemente es una costumbre argentina, es probable que haya costumbres similares en otras partes del mundo pero hacia otras comidas.

JPC: Para usted, ¿Qué no puede faltar en un asado?

GP: El pan.


[1] Artículo publicado en Gastronómica de México (No.31)

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