Aquellos años felices.

“Big Night“, cuenta la historia de dos hermanos que apuestan su última carta en un restaurante Italiano en Estados Unidos en la década de los 50. El relato ofrece una mirada agridulce sobre el sueño americano y la gastronomía de aquellos años.[1]
En los años 50 Estados Unidos, fortalecida como potencia luego de la Segunda Guerra Mundial, vivía los llamados “años dorados” y el desarrollo económico era acompañado por un consumo creciente. En ese contexto de ocio y revolución cultural, Big Night retrata los avatares de dos hermanos inmigrantes italianos que luchan por llevar adelante un pequeño restaurante. Durante todo el film se puede ver como Secondo (Stanley Tucci) manager y organizador del restaurante, seducido por ese clima festivo y optimista, intenta integrarse a la idiosincrasia de la sociedad estadounidense para reclamar su porción de sueño americano. En cambio su hermano Primo (Tony Shalhoub), un excelente cocinero, aparece como un defensor de la cocina tradicional italiana que se resiste a las luces, el ruido y el show business que proponen los exitosos restaurantes de aquella época.
Nada parece ser fácil para estos dos compañeros que intentan abrirse camino en un país que no pueden comprender del todo. Los platos del Chef Primo surgen como gestos creativos de un hombre que desea comunicar su historia y costumbres a los comensales. Obras de una artista que busca entablar un dialogo sin palabras con el otro. La problemática del inmigrante y la barrera idiomática se manifiestan en las diferencias culinarias entre Primo y los comensales del restaurante.
La concepción gastronómica que defiende el entrañable chef italiano es maravillosa y cumple con todos los condimentos que hoy en día ofrece la alta cocina, sin embargo en aquellos años, frente al fausto norteamericano representaba lo retro y lo anticuado. Así lo entiende, Pascal (Ian Holm) ese hombre de negocios y dueño del exitoso restaurante vecino que a modo de consejo le dice a Secondo: “He aprendido que un sujeto cuando sale de la oficina luego de un arduo día de trabajo no quiere en el plato algo que le haga pensar: ¿Qué es esto? Quiere un bife, mmm esto es un bife: soy feliz”. El secreto del éxito está en darle a la gente lo que la gente quiera y en condimentarlo con las adecuadas relaciones públicas. Luz, cámara y circo: la calidad de la comida pasa a un segundo plano.
Esta propuesta que Primo califica como: “una violación a la gastronomía”, es la idea hegemónica de los años 50 en Estados Unidos. La exitosa oferta gourmet actual, basada en la calidad de los productos, la sabiduría del cocinero y las enseñazas culinarias al comensal en pos de educar su paladar, que proponía Primo en esos tiempos estaba destinada al fracaso. Poco podía hacer un cuidado risotto en la tierra de las malteadas y las hamburguesas. El comensal no estaba dispuesto a esperar un plato, como tampoco el banco disponía de tiempo para un negocio que estaba condenado desde sus inicios. Luego de la posguerra y con el recuerdo palpable de la crisis del 30, esa sociedad sólo quería divertirse a lo grande pero fácil y rápido. Todavía faltaban dos décadas para la revolución de la Nouvelle Cuisine y el culto a la sencillez. Eran los años del exceso y el kitch: del piso damero, los colores vivos, las banquetas de vinilo y las comidas sustanciosas. En ese clima barroco, ruidoso y desmesurado no había espacio para el sencillo restaurante de Primo y Secondo. La tierra de las oportunidades tenía sus reglas y el sueño americano un precio.
DATA:
Título original: Big Night
Directores: Campbell Scott, Stanley Tucci
Nacionalidad: estadounidense
Año: 1996
Guión: Joseph Tropiano
Producción: Jonathan Filley
[1] Artículo publicado en Gastronómica de México (No.30)

