Degustar la vida.

Martes, mayo 11, 2010
Por Juan Pablo Cantini

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“El sabor de la vida “, propone un conmovedor relato sobre la cocina, el ser humano y los procesos identitarios. El director Tassos Bouluetis combina especias con cuestiones existencialistas y ofrece una tierna historia que invita a la reflexión.[1]


Fanis Iakovides (George Corraface), un exitoso profesor griego de astronomía de una universidad de Atenas, recibe una inesperada noticia  que inmediatamente lo traslada a su infancia y a su tierra natal en Estambul. Su querido abuelo Vassalis (Tassos Bandis) viajará a Grecia. El anuncio de una visita que Fanis espera desde su niñez es el comienzo del viaje interno que el protagonista realiza durante todo el film. La sal de la vida intercala el presente de este hombre melancólico con sucesivos flashbacks a su pasado en un relato sencillo y profundo al mismo tiempo.

Los aperitivos. El primer salto al pasado nos muestra la relación entre el niño Fanis (Markos Osse) y su abuelo que, en una vieja tienda de especias, le enseña los secretos de la cocina y la vida. El anciano asimila el universo y el mundo culinario.”El abuelo decía que la palabra gastrónomo esconde dentro la palabra astrónomo” nos cuenta en voz en off el protagonista del film. Las sabias lecciones de Vassalis se desenvuelven en juegos lingüísticos y metáforas que cautivan la mirada y el paladar del inquieto Fanis. El sentido del cosmos se expresa en especias.La pimienta que calienta y quema se identifica con el sol que todo lo ve, por eso combina muy bien con todas las comidas. La canela, como Venus, evoca la dulzura y amargura que entraña todo amor. La sal casi invisible a los ojos se constituye en la esencia de la comida y desde allí en el fundamento de la vida. El aprendiz escucha y piensa, saborea y aprehende. Pronto, comenzará a transmitirle estos conocimientos a Saime (Basak Koklukaya), su primer amor. Una dulce niña que baila para él. Este mundo idílico se desarrolla en  la década del sesenta en medio de la creciente tensión entre Turquía y Grecia.

El plato principal. Los conflictos entre griegos y turcos estallan e irrumpen en la vida de Fanis. La familia será deportada y no hay nada  que el abuelo, que permanecerá en Estambul, pueda hacer contra ello. La infancia ha terminado, Fanis intentará vanamente escapar, pero al comprender que esto es imposible se refugia en el cosmos de aromas y sabores que ha aprendido. Se ha dicho que, en general, en las familias de inmigrantes los niños se adaptan más rápidamente que los adultos y facilitan la integración del núcleo familiar a la nueva cultura. Este no es el caso de Fanis que, cocinado para evocar a su abuelo, a su amor y para alegrar a su familia: forja su propia identidad. Así vemos como el aprendiz poco a poco va creciendo y sobrevive al desarraigo de la mano de las especias de su tierra.

Los postres. Este viaje simbólico y metafórico es acompañado por la vuelta real de Fanis a su tierra natal. Al enterarse que su abuelo no vendrá y se encuentra en coma en Grecia, el protagonista del film decide volver. El relato nos muestra que, además, en ese viaje se esconde el deseo de hallar a su viejo amor. Sin embargo, se podría pensar que lo sucedido con su abuelo y el recuerdo de un amor son el impulso que necesitaba Fanis para enfrentar una ausencia, una falta que sentía y no podía ver.

DATA :

Título original: Politiki kouzina

Director: Tassos Bouluetis

Nacionalidad: Grecia / Turquía

Año: 2003

Guión: Fabrizio Donvito

Producción: Lilly Papadopoulou y Artemis Skouloudi.


[1] Artículo publicado en Gastronómica de México (No.29)

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