El futuro llegó y no es como lo esperabas.

Jueves, diciembre 10, 2009
Por Juan Pablo Cantini

Tal como ya se dijo en  Banquete Discursivo,  el comportamiento alimentario de un grupo social dado expresa el imaginario del mismo. En otras palabras, en aquello que comemos y en las formas que lo hacemos se manifiesta un modo de ser en el mundo. Preguntas: ¿Qué promete un snack que evoca el sabor concentrado de un plato? ¿Cuáles son las ideas que sustentan su producción y consumo?

Una mirada. El sabor de un lomo reducido a una crujiente papa frita facilita el acceso a un plato cuya preparación demandaría tiempo, costos y trabajo. Es decir, vivir en un ritmo y a una velocidad que parece ser considerada como un atraso. La inversión de los recursos necesarios para obtener ese sabor es interpretada como una pérdida. Ahora, la pregunta que se desprende aquí es: ¿Qué es lo que se evita perder  y por lo tanto se gana en ese consumo? O en otras palabras, ¿Qué se hace con ese tiempo ganado? Minutos y horas que devienen en espera para el próximo sabor, la sorpresa venidera del snack del futuro.

En este punto, recuerdo haber escuchado una promotora de tostadas saborizadas que le decía a un señora lo siguiente: “No se preocupe, pruebe estas tostaditas, son gratis. Lo importante: ¡es que consuma!”. Desde aquí, se podría pensar que las permanentes innovaciones en el sabor de nuestros snacks de cada día forman parte de una escala de consumo que no tiene fin, y siempre está prometiendo un más allá. La lógica de un sistema que no puede satisfacer del todo al consumidor porque de hacerlo se detendría. Sin embargo, considero que en este caso puntual hay algo que excede a la dinámica del consumo. En la promesa del goce concentrado, reducido e inmediato se expresan cuestiones que no pueden ser leídas sólo desde esta problemática.

Otra mirada, en el éxito de estos snacks  que se promocionan como un instante de disfrute en la soledad y el confort del hogar puede leerse la flexibilización de los lazos sociales, las crisis de las relaciones humanas. El imperio del individualismo engendra modos de consumos solitarios, sencillos y sobre todo rápidos. Todo esta listo,  y empaquetado en el quiosco de la esquina. La pausa son cinco minutos y el placer inmediato. Propuestas novedosas que reciclan sabores de antaño en una oferta acorde a los tiempos que corren. Nada se pierde, todo se transforma.

Quizás este escrito exagere y estos snacks sólo sean una opción más entre otros aperitivos disponibles en el mercado, después de todo es difícil imaginar que alguien pueda remplazar un lomo por un papa frita que lo evoca. Sin embargo vuelvo al  comienzo, dime qué comes y te diré quién eres.

Me pregunto y le pregunto estimando lector ¿Qué puede leerse en  estos snacks?

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