Compartir una copa.

Por Juan Pablo Cantini
Disfrutar un vino, una cerveza, un aguardiente, un cocktail o una copa puede ser un acto festivo, eventual o cotidiano. En efecto, podemos tomar alcohol en un bar al salir de la oficina para cerrar un arduo día de trabajo, en una cena romántica, una fiesta con amigos o la soledad de nuestras casas. Desde aquí, el beber puede ser interpretado como una de las actividades, recreaciones que destinamos a nuestro tiempo y espacio de ocio. Sin embargo en ocasiones, y esto todos lo sabemos, una copa expresa y simboliza algún momento crucial en nuestra historia. Más allá de los anuales brindis que celebran un cumpleaños, una navidad o el fin de un año, a lo largo de nuestras vidas experimentamos y recordamos alguna copa que, compartida o no, ha quedado impresa en nuestra memoria como el recuerdo de un momento especial. En este sentido, el ancestral carácter sacro que ha acompañado a estas celebres “aguas de vida” desde tiempos inmemoriales permanece intacto. El cine ha representado estas virtuosas propiedades en numerosas oportunidades. Así, se ha visto cómo en los escenarios más inesperados el compartir una copa puede provocar un encuentro intimo y único. Tal es el caso, por ejemplo, de una maravillosa escena de “Last Chance Harvey “. Ésta, nos muestra lo siguiente:
Un hombre, fastidioso y contrariado llega al bar de un aeropuerto y le pide al bartender un Johnnie Walker. Una mujer que bebe vino blanco y lee una novela en una mesa cercana le dice sin mirarlo: “eso ayudará”. Él, irónico, sube la apuesta y replica “tanto como esa novela barata y la copa de chardonnay”.Si se habían cruzado antes, en esta escena Harvey y Kate se conocen y conectan por primera vez. El dialogo, o mejor dicho el contrapunto provocador inicial nace de las copas que disfrutan estas almas perdidas. El seco chardonnay de la rubia inglesa y avinagrada que lee en soledad se deja seducir por el experimentado y herido pero no resignado escocés que traga compulsivamente el norteamericano Ese cruce de miradas, palabras y gestos es el comienzo y el fin de la película. Es el principio porque en ese instante empieza el vínculo entre ambos personajes, es el cierre porque luego de esa escena el espectador sabe que ese encuentro inesperado y simultáneamente cotidiano ha puesto fin a la soledad de un hombre golpeado y una mujer desesperada, de aquí en más no habrá fuerza que pueda separarlos. En ese diálogo se manifiesta la
magia de esta película que protagonizan el genial Dustin Hoffman (Harvey) y la brillante Emma Thompson (Kate). Harvey es un pianista neoyorkino divorciado y frustrado que escribe slogans publicitarios al borde del desempleo y viaja a Londres para la boda de una hija que no parece perdonarle su ausencia paternal, Kate una inglesa que roza los 40 años, está soltera y vive agobiada por los permanentes llamados de su madre. Estos datos biográficos de los personajes encuadran el relato y le dan espesor a una historia que como se ha dicho comienza y termina con unas copas.
En otras ocasiones, más amargas y desdichadas, una copa cinematográfica que no llega compartirse ha expresado el quiebre y el fin de una pareja que ya no puede seguir adelante. Para ilustrar esto, no hace falta más que recordar la mítica escena final de “The Godfather”. Los hechos ocurren así. La famosa pareja ha tenido una furiosa discusión, el marido se ha mostrado por primera vez realmente violento con su esposa. Consciente de ello, el hombre que parece querer disminuir el nivel de la discusión, le dice a su mujer: “Solo por esta vez te dejaré que preguntes por mis asuntos”, la mujer asustada pero decida le pregunta: ¿es verdad? Él, mintiendo, responde: no y la abraza. Ella, agobiada por la tensión pero aliviada, dice: creo que ambos merecemos un trago, y se dirige a la sala contigua a prepararlos. En ese momento, unos hombres llegan hasta su marido lo saludan y cierran la puerta excluyendo a la mujer. El marido y su mujer no llegan a compartir esa copa. Han elegido caminos distintos. La mentira del hombre queda expuesta y la ruptura está sellada.
El valor simbólico de unas copas entre amigos, también ha sido utilizado para sellar pactos y acuerdos en pos de algún sueño delirante que anhelan los protagonistas del film. Como ejemplo, se puede invocar aquí la escena onírica y surrealista que protagonizan un joven idealista y sus nuevos amigos bohemios y revolucionarios en Moulin Rouge. Esta historia relata lo siguiente. Un apuesto escritor busca su destino en la París de principios del siglo XX, en este viaje descubre unos curiosos personajes amantes de la poesía, el teatro y la libertad que pregonan la creatividad como motor de la existencia. La atracción es mutua e instantánea, el joven que por sobre todas las cosas cree en el amor se convierte en el abanderado de este grupo de artistas que se propone escribir y representar una romántica obra teatral que simultáneamente revolucione el campo artístico y el sentido de sus vidas. El pacto se cierra con la magia del ajenjo y las copas de absenta marcan el inicio de un delirante viaje hacia el poder del deseo.
Finalmente, en otras oportunidades el cine ha representado a una reconciliación o el inicio de una nueva etapa en la vida de aquellos personajes que comparten una preciada botella. A modo de ejemplo, podemos recordar cómo en la agridulce y quizás melancólica “The Fabulous Baker Boys” una copa que une y disipa las diferencias de dos compañeros en crisis. En el final de esta película, que retrata los conflictos y peleas dos hermanaos pianistas que conforman un dúo que lleva años luchando contra viento y marea intentando ganarse la vida con la música, se puede ver una reconciliación mediada por una botella en la intimidad de un garage. Luego de crudas discusiones y violentas peleas, los músicos asumen el fin de un ciclo y brindan por el inicio de otra etapa compartiendo una bebida cuidadosamente guardada para la ocasión.
En este breve, y porque no decirlo arbitrario recorrido, se ha visto que en el placer de beber con un otro siempre hay un más allá simbólico que excede el acto en sí mismo.


Coincido completamente con tu artículo. Y además, bellísimo. Hay momentos de la vida donde si no se comparte una copa con amigos,el homenaje pierde el sabor de no haberlo hecho de manera plena. Felicitaciones!!
Exquisita nota, cuantas relaciones comienzan con un a copa…. y cuantas finalizan de la misma manera. Sin duda marca el momento para siempre, sellado por una copa.
Excelente articulo. Tantos recuerdos, buenos y malos, trae el recuerdo de una copa, sola o acompañada………..
Jamas olvidare la noche que probe el trago mas rico que hay, que me lo recomendo un amigo, Sofhia.
muchas son las noches en las que una barra me acompañó,en un guiño de la vida volando más allá. Sin embargo la más curiosa fue sin duda, aquella vez sentado bajo la barra en una mesa contigua, charlando con unos clientes amigos disfrutábamos de un Gin tonic,cuando una de las camareras,reponía justo encima y por detrás de mi cabeza, el alchol de quemar que alimentaba un fanal hecho antorcha, y en un segundo un mal movimiento al acercar la botella en forma oblicua produjo un fogonazo extendido, mi cabeza también se transformó en un aantorcha felizmente apagada con una campera sobre mi cabeza, salvando a esta de incinerarse y no dejando más huellas que la de ésta anecdota.
Muy buena la idea de compartir una copa en una barra, uno se sienta o se apoya de acuerdo al momento y la compañía, pero lo cierto es que abre un tiempo distinto, fuera de la realidad un compartimiento estanco, donde la magia es posible y la sensualidad desborda.
Coincido completamente con claudia, cosas que comienzan y finalizan y ademas sumaria el de la continuidad, como por ej las reuniones habituales con amigos que gralmente son en momentos felices y a veces no tanto pero la bebida nos acompaña mas de los que nos damos cuenta, ya que al sentarce a intercambiar ideas precisamos de un adicional, sea mate, sea cafe un refrigerante o una bebida alcoolica.
Me gusto el articulo, felicitaciones!
Compartir una copa, que buen título para la nota, me gustó mucho y según leo no sólo a mí, ahora bien esto de Pascual de le “desborda la sensualidad” no se pasó de vuelta, porque lo que se desborda es la cerveza después de la cuarta o quinta pinta no? o bueno serán posibilidades distintas .
excelente y es cierto la bebida nos acompaña a veces más de la cuenta, jajaj especialmente en una barra después del laburo
FELICITACIONES
Nuestra vida está dividida en etapas que nosotros mismos clasificamos. Los elementos que tomamos para esta clasificación pueden ser los años, del calendario o nuestros años de vida. Pueden ser acontecimientos importantes que marcan un antes y un después, pueden ser parejas. Y estas etapas contienen rutinas, costumbres, estados de ánimo, gustos particulares que la diferencian de cualquier otra.
Así es como entonces, ciertas copas o tragos con gustos diferentes quedan asociados a estas étapas. Cuando la bebida penetra en el olfato y a continución acaricia el paladar, si cerramos los ojos, somos capaces de sentir todo lo que sentimos aquella vez.
Y hoy sin darnos cuenta hay alguna bebida que está quedando asociada y que en un futuro, nos hará recordar.
Las copas, una mesa, estar frente a frente…es un ritual inmejorable..Los griegos creian en Dionisio, un dios libertino, y en Baco el dios del vino…Un sorbo de ese jugo de los dioses nos hace un poco mas divinos quiza. Es una cuasi garantia de una velada apasionante.
Me encantó!. Gracias por todo lo que transmite!
Quisiera agregar otras copas. En “La flor de mi secreto”, la protagonista, patéticamente abandonada, entra a un bar a tomar un trago y Chavela canta “otra vez a brindar con extraños…” y parece dedicado a ella. En “Los abrazos rotos” una mujer se acerca a la barra y pide un gin tonic. El barman sirve el gin y ella le indica que le ponga un poco más. Para cuando él abre la botellita de tónica, ella ya está volviendo a su mesa para continuar confesando una deslealtad. Nadie como Almodóvar para mostrar las copas de la desesperación.
debemos reconocer también cuántos escritores impresionantes han escrito libros memorables en soledad y bajo los efectos del alcóhol: Carver-Bukowski-Onetti y seguiría una lista interminable.
qué hubiera sido de nosotros sin su literatura y qué de ellos si no hubiesen tomado un solo trago???